Correrán ríos de agua viva, Juan 7:37-39
En la nota de lectura anterior de Jn 7:16–17 veíamos a Jesús en el templo, afirmando que su doctrina no era suya, sino del Padre que le envió, y que sólo quien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios puede discernir que esa enseñanza viene realmente de arriba. Allí veíamos la importancia de someternos a la verdad de Cristo, no como una opinión más, sino como la voz misma del Padre hablándonos por medio del Hijo. Ahora, unos versículos después y todavía en el contexto de la fiesta de los tabernáculos, el mismo Jesús que ha defendido la procedencia divina de su doctrina se levanta en el “último y gran día” y pasa de explicar a invitar: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Al leer este pasaje, también tenemos presente algo que atraviesa toda la Escritura: no es posible ver nuestra verdadera sed, venir a Cristo, creer en Él ni beber de su agua viva sin la intervención soberana y efica...


