Padre nuestro: la oración que glorifica a Dios.

 


Padre nuestro: la oración que glorifica a Dios

Meditación basada en el libro A solas con Dios de John MacArthur

En un mundo saturado de egoísmo y el falso evangelio de la prosperidad, la oración verdadera nos recuerda que todo comienza y termina con la gloria de Dios. El pastor E. M. Bounds, del siglo XIX y conocido por su vida de oración, lo resumió así: "La oración honra a Dios y deshonra a uno mismo". Este principio bíblico choca frontalmente con las prácticas fariseas y las corrientes modernas que convierten la oración en demandas egoístas, ignorando la soberanía divina.

La oración centrada en Dios

La Biblia nos enseña que Dios es soberano y nosotros, sus siervos; no al revés. El evangelio de la prosperidad pervierte la oración para justificar indulgencias propias, lo cual es impío y contrario al Espíritu Santo. Santos como Jonás (Jon. 2:7,9), Daniel (Dan. 9:4-5) y Jeremías (Jer. 32:17-23) lo ejemplifican: en medio de aflicciones, alabaron el carácter de Dios antes de pedir por sí mismos.

Jesús nos dio el modelo perfecto en Mateo 6:9-13: una oración breve que un niño entiende, pero un maduro no agota. No es para repetirla mecánicamente, sino como guía para estructurar alabanza, adoración y peticiones, siempre enfocadas en Dios.

Estructura y actitud del Padre Nuestro

Esta "Oración de los Discípulos" revela relaciones profundas: Padre-hijo, Deidad-adorador, Soberano-súbdito. Refleja actitudes esenciales: devoción ("Padre"), desinterés ("nuestro"), reverencia ("santificado sea tu nombre") y sumisión ("hágase tu voluntad").

Equilibra la gloria de Dios con nuestras necesidades: santificación de su nombre, avance de su reino, provisión diaria, perdón del pasado y protección del futuro. Así evita la hipocresía, centrándose en Dios y no en nosotros.

Texto del modelo (Mateo 6:9-13):

Padre nuestro que estás en los cielos;
Santificado sea tu nombre;
Venga tu reino; sea hecha tu voluntad,
como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy;
Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;
Y no nos metas en tentación,
mas líbranos del mal.
[Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria
por todos los siglos. Amén
].

Dios como Padre amoroso

"Padre nuestro" declara una intimidad exclusiva para los creyentes en Cristo (Juan 1:12), no una paternidad universal. En el Antiguo Testamento, Dios es Padre de la nación (1 Cr. 29:10): cercano (Sal. 103:13), compasivo, guía (Jer. 31:9) y exigente de obediencia (Dt. 32:6).

Jesús restauró esta visión: "Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos?" (Mat. 7:11). Acercarnos como "Abba" disipa el temor, infunde esperanza, elimina la soledad, vence el egoísmo y nos provee recursos celestiales (Efe. 1:3).

Para nosotras hoy

Hermanas, recordemos que la oración no parte de nuestro mérito, sino de la gracia soberana de Dios que nos adoptó como hijas. Echemos mano de este modelo diariamente: elevemos primero "Hágase tu voluntad" en el hogar, el matrimonio, el trabajo y más allá, confiando en que nuestro Padre amoroso ordena todo para su gloria y nuestro bien eterno. Como enseña MacArthur, esta sumisión humilde —arraigada en la elección divina y la expiación de Cristo— transforma nuestras peticiones en adoración gozosa.

Reflexiona: ¿Cómo la soberanía absoluta de Dios y nuestra total dependencia reordenan tus oraciones diarias, pasando de exigencias a deleite en su voluntad perfecta? Comparte en los comentarios para crecer juntas en santificación. ¡Soli Deo Gloria!

Que el Padre nuestro nos guíe a orar con corazones rendidos, adornando el evangelio en cada paso.

¡Bendiciones!

DeDorantesLaura • AyudaPorDiseño

"Adornemos el evangelio, viviendo conforme a la sana doctrina. Tito 2:1-5".

Entradas populares