El nacimeinto virginal del salvador, Mateo 1:18-25
El Nacimiento Virginal del Salvador
Mateo 1:18-25
Introducción
El Evangelio de Mateo nos introduce al nacimiento virginal de Jesús desde la perspectiva de José, revelando el milagro que cambia la historia eterna. En estos versículos se despliega la promesa profética, la obediencia fiel y la encarnación soberana del Salvador.
vv.18-20: El origen milagroso
El Evangelio nos sitúa en una situación humanamente imposible:
"Estando desposada María con José, antes que se juntaran, se halló que había concebido del Espíritu Santo" (RV1960).
En la cultura judía, el compromiso era legalmente vinculante —divorciarse requería acto formal—. María y José aún no convivían ni consumaban la unión. De repente, José descubre el embarazo… y no es suyo. Esta situación podía terminar en lapidación pública (Deuteronomio 22:23-24).
José responde como "hombre justo" (v. 19): "Mas José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente" (RV1960). MacArthur explica en su Comentario Bíblico de Mateo: ser justo no es perfección sin pecado, sino obediencia amorosa a la Ley que integra misericordia. José teme más al Señor que a los rumores del pueblo, eligiendo proteger el honor de María con un repudio privado.
Sin embargo, Dios interviene directamente, en el versículo 20 nos dice:
"José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es".
El ángel confirma el milagro virginal profetizado en Isaías 7:14 —"He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo"—. De este dilema humano surge el escenario divino para el Salvador.
vv.21-23: La promesa salvífica
En el versículo 21, nos señala el propósito eterno del nacimiento:
"Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".
JESÚS (יהוה-יושע en hebreo) significa literalmente "Jehová salva". No es un nombre decorativo —declara su misión desde el nacimiento—. Los judíos esperaban la liberación de los romanos, impuestos romanos, hambre o invasores. Pero Dios revela algo infinitamente mayor: salvación del pecado —nuestra culpa, rebelión y separación eterna de Dios (Romanos 3:23).
V. 22 lo ancla en profecía: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta" (RV60). Mateo cita Isaías 7:14 con precisión. MacArthur aclara: los judíos soñaban con Mesías político, pero Dios envió a Cristo que salva únicamente mediante su muerte sustitutiva y resurrección victoriosa. Cierra toda puerta a méritos humanos, rituales o linaje —es gracia soberana pura (Juan 3:16; Efesios 2:8-9).
Finalmente, el versículo 23 desvela el misterio más profundo:
"He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (RV60).
Dos nombres revelan dos verdades eternas:
• JESÚS = Salvador del pecado que nos limpia.
• EMMANUEL = Dios encarnado que mora con nosotros.
Ryle enseña: Jesús no salva desde un trono lejano —habita cerca de los quebrantados de corazón (Salmos 34:18). El Niño en el pesebre es el evangelio completo en miniatura.
vv.24-25: La fe que obedece
"Entonces José... hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS" (RV60).
Observa la obediencia radical de José:
• Recibe públicamente a María como esposa, enfrentando murmullos y sospechas del pueblo.
• Protege su virginidad hasta el nacimiento, confiando en lo sobrenatural contra toda lógica humana.
• Nombra al niño JESÚS públicamente, sellando su testimonio ante todos —"Este es el Salvador prometido".
Esta es fe genuina que actúa sin demora ni negociación. La fe verdadera produce obediencia incluso cuando todo grita 'imposible' (1 Juan 3:24; Santiago 2:17).
Conclusión
Mateo 1:18-25 nos arrastra al corazón del misterio virginal, donde surge el Salvador eterno. José, el hombre justo, elige misericordia sobre juicio; Dios irrumpe con ángel y profecía para declarar: Jesús —Jehová salva— es Emmanuel, Dios con nosotros. No un Mesías político para derrocar imperios, sino el Cordero que lava pecados por gracia soberana (Efesios 2:8-9).
Este Niño en el pesebre no es un rey distante, sino Dios habitando nuestras miserias, cerca de los quebrantados (Salmos 34:18). La fe de José no negocia con lo imposible —obedece, recibe, protege y nombra, sellando el testimonio público ante murmullos y dudas.
Para nosotras hoy
Ante esto, solo podemos detenernos en reverente adoración: Que podamos adorar en este tiempo al protagonista del nacimiento virginal. El misterio virginal declara la soberanía absoluta de Dios, quien en su eterna decretación eligió la humillación del Hijo para nuestra redención. Que podamos contemplar al Verbo eterno, segundo de la Trinidad, haciéndose carne en el seno virginal —no por necesidad, sino por gracia eligiendo— para satisfacer la ira divina en la cruz. Adorando en silencio esta gracia inmerecida: Cristo Jesús, plenamente Dios y plenamente hombre, habita con nosotras para siempre, imputando su justicia a los que somos de él.
Que este pasaje nos lleve más allá de luces y regalos… sino a meditar en la verdadera historia del nacimiento del Salvador durante estos días: el misterio virginal donde Dios se hace Emmanuel para salvarnos. ¡Que su paz las llene! ¡Feliz Navidad a todas!
Referencias (APA 7)
Biblia Reina-Valera 1960. (1960). Sociedad Bíblica Argentina.
MacArthur, J. (s.f.). Comentario Bíblico de Mateo. Editorial Portavoz.
Ryle, J. C. (1858). Expository thoughts on the Gospels: St. Matthew. James Burns.
Sociedad Bíblica de México. (1960). Reina-Valera 1960.


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